El desnudarse o no de una mujer no es la solución a la violencia

El desnudarse o no de una mujer no es la solución a la violencia

Neyra Franco Aramayo

El más reciente video comercial de la empresa de muebles Corimexo S.A., que retoma la temática del desnudo de la mujer, desató duras críticas en las redes sociales. El video fue catalogado como “sexista” y “machista” por varias personas, aunque otros defendieron el producto publicitario.

La publicidad denominada “puro cuero”, tiene como protagonista a la modelo y actriz cruceña Stephanie Herela y en la producción a Miguel Chávez

Cuando en 2007 la exmodelo Maricruz Ribera se mostró desnuda en el primer spot publicitario de Corimexo de ese tipo, no pasó mucho. Se registró alguna que otra protesta feminista y poco más. Nueve años después, en el reiterado producto con esas características lanzado en Youtube por la misma empresa, se ha producido una gran polémica. Literalmente decenas de miles de personas se han enfrascado en un debate sobre ello en las redes sociales, en los centros de trabajo y en el almuerzo. Ésa es una muy buena señal ya que demuestra que existe una conciencia mayor respecto de la manera cómo la sociedad percibe a la mujer de la que había en 2007.

Bolivia es uno de los países donde más violencia contra la mujer existe, después de Haití, señalan las estadísticas internacionales. La situación afecta sobre todo a las niñas y adolescentes, que experimentan violencia psicológica, física o sexual en sus casas, barrios o colegios. Pero la sociedad es ciega y sorda ante ello. Al llegar a su vida adulta, más de dos tercios de mujeres bolivianas habrán enfrentado algún tipo de violencia, más que en cualquier otro país. Las noticias de ese tipo plagan los noticieros de TV, pero el tema, lamentablemente, casi se ha normalizado. Un nuevo caso de feminicidio no causa ya demasiada impresión.

La raíz obvia de ese comportamiento es el machismo. Un hombre que se siente superior a una mujer, que cree tener más derechos y que es protegido por el sistema judicial y político, se toma la libertad de abusar de las mujeres, por lo general de su pareja. Todo confabula para que ello suceda: el machismo está atizado por varios elementos, pasando por la publicidad de Corimexo y los concursos de belleza, que solo valoran a la mujer por su físico, no por su inteligencia, su sensibilidad o su tenacidad.

El resultado final es la “cosificación” de la mujer. Si la mujer es una cosa, por ejemplo un mueble de cuero, el varón cree que puede hacer lo que desea con ella. Nuestros niños y jóvenes crecen por ello pensando que ése es el “orden natural” de las cosas y, cuando son universitarios e intentan toquetear a una de sus compañeras de curso, se sorprenden si son rechazados. De ahí a ejercer violencia puede haber un paso.

Tampoco “cosifican” a la mujer las protestas que realizan, desnudas o semidesnudas, las integrantes de organizaciones feministas de varias partes del mundo, entre ellas el grupo Femen, que se quitan la ropa para protestar contra los abusos que sus sociedades cometen contra grupos vulnerables, como otras mujeres, migrantes, etc. Como menciona en un artículo un reconocido periodista Raúl Peñaranda.

Pero el cosificar a la mujer mucho va depender de la educación que una como madre, como mujer les demos a nuestros hijos, hay que dejar de decirles desde chiquitos que la mujer es para estar en la casa y atender al hombre, no toda la responsabilidad es de los comerciales publicidades, protestas , concursos de belleza, etc. La responsabilidad de nosotras como madres es inculcar a nuestros hijos valores no machistas y de respeto hacia una mujer y así ir desechando de apoco el pensamiento machista que nuestra sociedad todavía tiene.

De acuerdo a un pronunciamiento del Observatorio de Género, en la Ley 348 Integral para garantizar una vida libre de violencia y en la Ley 045 contra el racismo y toda forma de discriminación hay artículos que van en contra de mensajes que promuevan la sumisión o explotación de las mujeres.

La Ley 348 define a la violencia mediática como “aquella producida por los medios masivos de comunicación a través de publicaciones, difusión de mensajes e imágenes estereotipadas que promueven la sumisión y/o explotación de mujeres, que injurian, difaman, discriminan, deshonran, humillan o atentan contra su dignidad, su nombre y su imagen”.

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