Un minuto de decisión para una eternidad de gloria Corresponsales Militares

Un minuto de decisión para una eternidad de gloria Corresponsales Militares

Neyra Franco Aramayo

78 trabajadores de la Prensa de La Paz, El Alto y estudiantes en su último año de comunicación formaban en el patio de honor del Estado Mayor, dispuestos a pasar dos meses de instrucción militar como parte del segundo curso de corresponsales militares que realizó el ejército. Yo era uno de ellos.

La instrucción  culminaría con un examen final en la Escuela de Cóndores Bolivianos (Esconbol), tierra que pocos pisan si no es para cumplir con seis meses del más duro entrenamiento para ser Cóndores Satinadores.

En el Gran Cuartel de Miraflores, aprendimos el rol, estructura y funciones del Ejército. A cruzar obstáculos. A ocupar y desocupar posiciones bajo fuego enemigo, armados con palos a modo de filmadoras mientras los instructores hacían llover cascajos. Pero ni los raspones de codos y rodillas, ni las magulladuras de dedos se compararían con las pruebas con gas lacrimógeno.

En el patio de la Policía Militar (PM), los periodistas conocieron a Pepito PM. Una prueba de la que muchos salimos con gritos atascados en los pechos, mojados hasta el rincón más profundo y con los rostros embarrados entre mocos y lágrimas.

Antes tuvimos una probada en la cámara de gas.  Y es que como periodistas es común encontrarse en conflictos en las que es necesario aprender no  sólo a protegerse, sino a vencer la ansiedad de un momento  tenso como es el asfixiarse en una gasificación.

Pepito PM es una fuente hermética en la que solía haber una estatua de un niño, al que los militares bautizaron con ese nombre. Allí no hay aire, sólo agua y gas.

Con ese antecedente fue más sencillo cubrir el enfrentamiento entre unos manifestantes y  la PM. Un simulacro en el que no faltaron los botellazos, chorros de agua y el mal querido camarada gas en el que aprendimos formaciones y estrategias para mantenernos al resguardo de los escudos y la escuadra de soldados.

El nido

La primera noche es difícil pegar los ojos. Ahí no se duerme con los gritos y el corretear de los cóndores en las habitaciones contiguas. El despertar no es más cómodo. Al amanecer alguien dispara un fusil dentro del cuarto. “¡Levantarse!”, ordena el instructor y los periodistas corren somnolientos a las duchas frías, que en el calor del Chaco boliviano no le importa al cuerpo.

Durante todo el día aprendemos a construir refugios en medio del monte, a conseguir agua filtrando el orín o las heces de animales, a diferenciar serpientes venenosas de las que no lo son y el sabor de alguna.

También primeros auxilios. Sacamos a un herido de la zona hostil en medio de disparos, en una camilla improvisada con troncos y blusas, enfrentando a un teniente que se interpuso en el camino agitando el  ya conocido gas lacrimógeno.

Marchar bajo la luz de la luna chaqueña con las mochilas llenas de botellas con arena es una de las pruebas más difíciles.  Algunos se rinden. El resto llega con la lengua afuera, pero firmes para formar.

Entre los valores  aprendidos se pude destacar el Espíritu de Cuerpo  que es el conjunto de ideas, actitudes, intereses, aspiraciones, ideales y tradiciones de una colectividad profesional, se manifiesta en la lealtad, orgullo y entusiasmo que muestran los miembros por su Unidad, aportando con sus acciones de manera positiva al logro de un fin común.

Es un estado mental y emocional de la organización que se logra cuando la totalidad o la mayoría de los individuos que la integran, están identificados con sus valores, intereses y objetivos, adoptándolos como propios, de tal manera que sientan orgullo y satisfacción por sus éxitos y renueven sus esfuerzos para superar sus fracasos.

El espíritu de cuerpo es uno de los factores principales para alcanzar el éxito en conjunto, con un sólido espíritu de cuerpo se podrá alcanzar objetivos aparentemente insuperables, a través de demostraciones de valor, coraje, audacia y muchas otras virtudes que definirán el carácter optimista y la personalidad del Ejército como un todo.

El espíritu de cuerpo, hace que se compenetre el militar con los más altos intereses y aspiraciones de la patria, sustentando sus tradiciones y fortaleciendo su imagen de país digno y pujante.

El espíritu de cuerpo debe tener trascendencia hacia la sociedad, haciendo que el Ejército, participe con mayor dedicación y esfuerzo en las tareas de apoyo al desarrollo integral y se constituya en el soporte idóneo e irreemplazable en las tareas de defensa civil que lo identifique e integre, con la fe puesta en la realización de funciones del servicio desinteresado pero útil a su desarrollo.

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