El rito de los ajayus para el inicio de la buena cosecha

El rito de los ajayus para el inicio de la buena cosecha

Hilarión Chinahuanca Siñani

Es docente de E.S.F.M. “Simón Bolívar”

En mundo aymara cerca al medio año, a fines de octubre y comienzos de noviembre, cuando ha terminado la siembra se inicia el rito para los “ajayus” (almas) de los muertos, ofreciéndoseles distintos alimentos y frutas, para que haya, para la reproducción de animales y el equilibrio del medio ambiente. De esta manera se evitará las sequías, la hambruna, las enfermedades y las desgracias. En este sentido, una vez al año, la comunidad solía llevar en andas los cuerpos de sus difuntos a través de los caminos y especialmente campos de cultivo de la comunidad. Según la cosmovisión delos pueblos originarios no concebían a la muerte como el fin de la existencia, sino que se constituía en una forma de continuación importante de la vida.Esta fue la base filosófica de la concepción de vida después de la muerte.

Antiguamente el cuerpo embalsamado en posición fetal conservaba la posición de llegada a la vida en el seno materno, donde el rito para los muertos fue una manera directa de comunicarse con los seres queridos, porque la muerte de las personas provoca la fertilización de la tierra como componente importante dentro el ciclo agrícola y pensamiento en espiral; se convertían en divinidades, volviendo a la pacarina, lugar de origen o “wak’a sagrada”. Es decir, que sacaban a los difuntos de sus bóvedas, llamadas “pucullus”, les daban de comer, beber, les colocaban vestidos en buen estado, les ponían plumas en la cabeza, cantando y danzando con ellos. Pero por influencia de la religión católica hoy se simboliza el día de los muertos sólo con las “t’ant’a wawanaka” (guaguas de pan) para hacer rezar.

 En la actualidad el sincretismo del día de los difuntos se lo practica con el ayni. Es así que en Marka Irpa Chico de la provincia Ingavi del departamento de La Paz, los comunarios acostumbran compartir con la familia y comunidad con las almas de los seres queridos durante 24 horas de visita a una casa, tras su llegada en el medio día del 1 de noviembre. A partir de este momento hay una distribución equitativa y permanente que consiste en: panes, ofrendas, frutas, comida y bebida a todos los asistentes para su respectiva oración al difunto (ajayutak mayiña) mutuamente. En esta ritualidad sagrada de los aymaras predomina el ayni, una ayuda que debe ser devuelta en otra oportunidad por los hijos o bien por los nietos, pero se devuelve con el tiempo. En estas reuniones los comunarios y los familiares del difunto suelen llevar a las casas comida o bebida para compartir comunitariamente. Con el tiempo, cuando celebren en sus casas la llegada de un alma, también habrá una retribución de la misma forma, con el presente que llevaron en su visita.

 Cabe señalar, en la comunidad las familias se reúnen con una semana de anticipación, con el objetivo de preparar las tradicionales “t’ant’a wawanaka” (ofrendas de pan), los panes, una variedad de galletas y panecillos de quinua para dar a quienes rezan por las almas. Las mismas tienen un significado en lengua aymara; t’ant’a wawanaka (considerada como seres queridos y acompañantes); llamas y caballos (para llevar las ofrendas); escaleras (para subir al cielo); pan, frutas y comidas (para todas las almas); guirnaldas rosadas y blancas (almas mayores); flores blancas (almas menores) y así respectivamente.

 El ayni es compartido con la preparación de la “apxata” (ofrendas, panes, frutas, bebidas y comidas puestas) a medio día del 1 de noviembre, con la llegada de las almas, denominada “nakta uru”. Las familias se preparan para visitar al día siguiente, 2 de noviembre, el cementerio de la comunidad, donde encargan rezos para las almas de sus seres queridos. Posteriormente son distribuidas por igual las ofrendas y otros elementos del “apxata” a todos los asistentes, sin discriminar a los niños ni a los visitantes. Inmediatamente por la tarde hacen la despedida o “kacharpaya”, a aquellos que han cumplido los tres años consecutivos, los familiares de los difuntos ofrecen el “apxata” en Todos Santos, el mismo que es celebrado con danzas, juegos y música de la comunidad: tarqueada, alma pinkillu y quyqu. Por último sacuden las ropas negras todos los participantes en despacho de almas, para que los dolientes ya no tengan más pena ni vuelva a acompañarles las desgracias.

 En realidad la celebración de la espiritualidad originaria en el área rural es el fin de la época seca, comienza la época de lluvias y un nuevo ciclo agrícola, pues noviembre (lapaka) era para los andinos el último mes, según el calendario Solar y Lunisolar.

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