El Presidente reivindica nuestro derecho al mar en Tiwanacu

El Presidente reivindica nuestro derecho al mar en Tiwanacu

El presidente del Estado Plurinacional, Evo Morales Ayma, reafirma a Tiwanacu como una ciudad milenaria que antes de la era de Cristo ya poseía mar porque el territorio abarcaba desde las costas del Pacífico, mar que después de más de cien años ahora se le niega al país.

“…Tiwanacu era una gran ciudad, esta ciudad es milenaria, cuando Cristo estaba naciendo en Belén, el año cero de nuestra era, esta ciudad era un lugar sagrado para el territorio andino, relacionando científicamente y comercialmente con los pueblos de tierras bajas y altas, con lo de norte y sur del continente; nuestro territorio abarcaba desde las costas del Pacifico, desde entonces teníamos cualidad marítima, nuestro mar que se quiere negar hoy…”, afirmó el Presidente en medio de la aclamación de la población que grito en una sola voz ¡mar para Bolivia!, mar para Bolivia!.

La afirmación la hizo luego de llevarse adelante el acto de posesión de su tercer mandato consecutivo en Tiwanacu, a través de una ceremonia ancestral donde amautas de todas las regiones del país e incluso de otros países participaron del acto que culminó con la entrega del bastón de mando.

La ceremonia consintió en un recorrido compuesto de cinco estaciones o paradas, cada uno con significado diferente; en el trayecto, amautas de distintas regiones lo guiaron y participaron en cada estación.

Las ruinas prehispánicas de Tiwanacu fueron el escenario principal donde invitados especiales y autoridades de otros países expresaron su saludo y respaldo del pueblo al que representan al Presidente; además de la presencia de más de 20 delegaciones regionales indígenas, partidos políticos y otros representantes de Ecuador, Brasil, Argentina, Chile, Perú, México, Panamá, Estados Unidos, Argelia, Escocia, entre otros que se acercaron a la autoridad para darle un presente que consistió en artesanías, cuadros, vestimentas típicas, replicas, bastón de mando, y distintos recuerdos a tiempo de tomarse una foto.

Luego de la ceremonia ancestral, el Mandatario se dirigió al Museo Lítico de Tiwanacu, una travesía que estuvo custodiado por la “Guardia indígena” compuesto por 300 varones y 300 mujeres, cada uno con su vestimenta típica portando la bandera tricolor o la wiphala.

El acto de posesión culminó en la plaza principal de Tiwanacu, donde la población espero al Presidente con una entrada folclórica autóctona integrada por danzas originarias del oriente y occidente, una muestra de la integración del país.

Aspectos resaltantes del discurso

El Estado vive en la época del Pachacutí, revolución democrática cultural que busca el equilibrio, retorno a la igualdad y lo sagrado en distintos aspectos como salud, educación, justicia, producción, cultura, sobre todo pensamiento en base a principios, valores y ética inculcado por los ancestros; uno de ellos, el respeto a los seres humanos y la madre tierra. No se trata de volver al pasado, se trata de modernizar la cultura del país.

Recuperar la cultura boliviana que hace 500 años fue escondida y callada por los antepasados ante la llegada de personas extrañas que modernizaron distintas regiones del continente a través de la filosofía de la muerte, cultura con alto contenido de valores que hasta el momento se continúa interpretando y que constituyen el capital más importante para reconstruir el Estado.

Por todo lo mencionado, el Presidente apunta a Tiwanacu como una fuente de consolidación del Estado Plurinacional del vivir bien, una de las naciones descolonizadas del mundo donde ésta sea su filosofía, por tanto desecha el liberalismo y el socialismo para este objetivo.

Hasta hace 9 años, se dijo que la población indígena solo servía para votar, hoy por hoy se demostró que aparte de votar pueden gobernarse mejor que anteriores presidentes, afirmó.

El excesivo desarrollo es contraproducente para el medio ambiente, es por esto que el Estado quiere impulsar la filosofía del vivir bien y en armonía con la madre tierra, industrializar sin dañar al medio ambiente para preservar los recursos y garantizar el derecho a la vida de todos los seres.

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