Francisco reconoce la lucha de los movimientos populares y los nombra “sembradores de cambio”

Francisco reconoce la lucha de los movimientos populares y los nombra “sembradores de cambio”

Casi dos horas duró el discurso emotivo de un Papa que segundo a segundo reflejaba la ternura de un niño, la sabiduría de los años, y la misericordia de sus antecesores y de sí mismo en el II Encuentro Internacional de Movimientos Populares realizado en la ciudad de Santa Cruz el pasado jueves, casi dos horas de escuchar mensajes y reflexiones que conmovieron a los presentes y seguidores.

El discurso se basó en un eje temático contenido de tres reflexiones, donde se resalta lo que sucede no solo en Bolivia sino en países de América Latina y el Mundo, como aclaró Francisco, “Problemas que tienen una matriz global y que hoy ningún Estado puede resolver por sí mismo”; donde mostró su afinidad por el proceso de cambio, un cambio que lo necesitan todos y se debe luchar por ello.

Primeramente, Francisco invitó a la población boliviana y a todos los que tienen la gracia de escucharlo a reflexionar, admitir sobre la necesidad de un cambio ya que en la actualidad las cosas no andan bien por la existencia de campesinos sin tierra, familias sin techo, trabajadores sin derechos, personas heridas en su dignidad, guerras injustificadas, violencia; las cosas no andan bien porque el suelo, el agua, el aire y todos los seres de la creación están en amenaza.

Por si fuera poco, vivimos en una sociedad donde las realidades destructoras mencionadas responden al sistema global que impuso la lógica de la ganancia a toda costa, de la exclusión social y la destrucción de la naturaleza; un sistema que ya no puede ser aguantado por los campesinos, trabajadores, comunidades, pueblos y la Madre Tierra, reflexionó Francisco.

Esta realidad destructora se ahonda más por la existencia de “una comunidad científica acepta lo que hace mucho tiempo denuncian los humildes: se están produciendo daños tal vez irreversibles en el ecosistema”; se está castigando a la tierra, los seres que lo componen y a las personas al punto que se huele el tufo de “el estiércol del diablo”, frase de Basilio de Cesaria, reproducida por Francisco.

De admitir tanto sufrimiento y destrucción existe la necesidad de un cambio, se quiere un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras; donde las personas juegan un papel elemental pese a su posición de desposeído, ya que según el Sumo Pontífice el futuro de la humanidad está en manos de éstas personas, en su capacidad de organizarse, promover alternativas y la búsqueda constante de las tres Ts: trabajo, techo y tierra.

Una vez reconocido la necesidad de cambio y el rol de los desposeídos en esta lucha, surge la forma; en este sentido Francisco encomienda la tarea de lucha por un cambio sincero, no impuesto, fruto de una sincera conversión de las actitudes y del corazón, donde la opción no es generar espacios sino un proceso. “Cada uno de nosotros no es más que parte de un todo complejo y diverso interactuando en el tiempo: pueblos que luchan por una significación, por un destino, por vivir con dignidad, por «vivir bien», añadió.

En este sentido, Francisco recomendó a los movimientos populares concretar acciones en función de sus emociones ante la realidad que atraviesan las regiones a las que representan “esa emoción hecha acción comunitaria no se comprende únicamente con la razón: tiene un plus de sentido que sólo los pueblos entienden y que da su mística particular a los verdaderos movimientos populares”, dijo.

La autoridad de la Iglesia Católica reconoce y reafirma la lucha de los movimientos populares desde hace varios años, lucha contra la injusticia, por la tierra, alimentación, reconocimiento de sus derechos, integración de sus comunidades, dignificación de su economía, entre otros; hecho que los hace merecedores de las tres Ts: tierra, trabajo y techo.

A tiempo de felicitarlos por la lucha constante de sus reivindicaciones y por ser sembradores de cambio, Francisco encomendó a los dirigentes de los movimientos populares: ser creativos, no perder al arraigo por lo cercano, no mentir porque el padre de la mentira sabe usurpar palabras nobles, promover modas y adoptar poses ideológicas.

Francisco manifestó a los asistentes de la II Cumbre Internacional de Movimientos Populares “si ustedes construyen sobre bases sólidas, sobre las necesidades reales y la experiencia viva de sus hermanos, de los campesinos e indígenas, de los trabajadores excluidos y las familias marginadas, seguramente no se van a equivocar”.

Finalmente, en su tercer punto dio a conocer las tres inmediatas ante la realidad reflexionada: la primera, poner la economía al servicio de los Pueblos, una economía justa, de distribución equitativa y solidaria, de tal forma que los seres humanos y la naturaleza no estén al servicio del dinero, rechazar la economía excluyente en desmedro de la Madre Tierra, siempre velando por el bien de la casa común.

La segunda tarea encomendada es unir a los pueblos en el camino de la paz y la justicia, donde los pueblos sean artífice de su propio destino, donde su cultura, idioma, procesos sociales y tradiciones religiosas sean respetados; “les pido a ustedes, hermanos y hermanas de los movimientos populares, que cuiden y acrecienten esa unidad. Mantener la unidad frente a todo intento de división es necesario para que la región crezca en paz y justicia”, añadió.

Finalmente, la tercer tarea y las mas importante, defender la Madre Tierra o como dice Francisco “la casa común”, la cual esta saqueada, devastada, vejada impunemente; entre tanto se suscitan Cumbres Internacionales sin resultados de por medio. No se debe permitir que los intereses globales pero no universales se impongan, sometan a los Estados y Organismos Internacionales para destruir la creación.

“Los Pueblos y sus movimientos están llamados a clamar, a movilizarse, a exigir –pacífica pero tenazmente– la adopción urgente de medidas apropiadas. Yo les pido, en nombre de Dios, que defiendan a la Madre Tierra”.

Prensa Rural

Comentarios

comentarios

Deja un comentario