Estados Unidos y Bolivia, fin de una dependencia humillante

Estados Unidos y Bolivia, fin de una dependencia humillante

Del gran pueblo de los Estados Unidos han surgido escritores, músicos y científicos notables, héroes  y mártires como Luther King, pero de sus gobiernos únicamente  destrucción, guerras e invasiones militares a países con el afán geopolítico de fundar un imperio y controlar  territorios, poblaciones y recursos naturales para favorecer a sus empresas.

El afán expansionista de EE.UU comenzó en América Latina con la anexión por la fuerza de Puerto Rico, en 1898, codiciado por empresas en bancarrota ante una gran recesión económica.

En los 30 primeros años del siglo XX,  Estados Unidos invadió Honduras, Nicaragua, Haití, República Dominicana,  Cuba, Panamá, México, Puerto Rico y Guatemala para proteger  el dominio de sus empresas sobre ricos yacimientos de petróleo, gas, minerales y plantaciones de goma, banano, tabaco, café entre otros productos.

En Bolivia, compañías norteamericanas ya intentaban  explotar  la región gomera del Acre arrebatada por la guerra de 1901 y 1903 con Brasil, y la nefasta petrolera Gulf Oil Company nos traicionaba en plena guerra con Paraguay (1932-1935).

Luego de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y, especialmente, de la Segunda (1939-1945) que puso fin a la influencia de Europa en el mundo,  la agresiva expansión de EE.UU logró sentar su hegemonía militar, económica y política en América Latina ejecutando  renovadas formas de injerencia para proteger su dominio.

En Bolivia, los pocos gobiernos que intentaron recuperar la soberanía del país fracasaron por presión de EE. UU, y  “gobiernos democráticos o títeres se sometieron a sus imperativos geopolíticos externos”, dice el Ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana. EE.UU contribuyó en Bolivia al derrocamiento de gobiernos populares y al encumbramiento de dictadores o presidentes de miope o ninguna visión nacional que favorecían intereses estadounidenses.

“La historia de dependencia ejercida por Estados Unidos en Bolivia ha sido traumática y humillante”, dice  Quintana. “Resulta no sólo curiosa sino extraña la ausencia de esfuerzos institucionales y académicos para explicar y comprender la naturaleza de este dominio aplastante, asimétrico y permanente”, sostiene el ministro en “La cultura de la dependencia”, que escribió como Introducción al libro “BoliviaLeaks. La injerencia política de Estados Unidos contra el proceso de cambio 2006-2010”, de los investigadores bolivianos Fernando Torres Gorena, Jessica Suárez Mamani, Loreta Tellería Escobar  e Iván Fernando Mérida.

Para Quintana, “la naturalidad con la que una buena parte de los ciudadanos asume esta relación explica el notable éxito cultural y hegemónico logrado en su vínculo con Bolivia”. El ministro demanda estudios para “comprender el dominio imperial de EE.UU ejercido contra el país en múltiples dimensiones pero también develar el indecoroso e indignante papel que jugaron los gobiernos democráticos y autoritarios”.

Al contrario de los gobiernos sumisos, nuestro Presidente Evo Morales,  líder indígena surgido del pueblo,  puso fin a más de un siglo de injerencia  norteamericana en Bolivia al expulsar a la DEA,  al embajador de los Estados Unidos, Philip Goldberg,  y denunciar y cerrar  USAID y otros proyectos que actuaban como pantalla de afanes intervencionistas y desestabilizadores.

Evo Morales nacionalizó, con apoyo del pueblo, los recursos estratégicos,  hizo respetar  la soberanía de la patria frente a la mayor potencia del mundo y nos devolvió la dignidad. No extraña, pues, que las agencias de EE.UU y sus espías internos lo tilden  de “Bin Laden de los Andes”, “terrorista”, “narcotraficante”,  “asesino”  para desprestigiarlo, e  intenten una y otra vez complotar contra quien los derrotó después de más de un siglo de virreinato.

Precisamente, el libro “BoliviaLeaks” analiza los planes de Estados Unidos para dar un golpe de Estado en Bolivia  valiéndose de espías a sueldo y  delatores en la oposición política hasta chismosos,   mentirosos y  pajpakus de toda laya que rondan la embajada americana.

El ministro Quintana dice que los planes subversivos contra el gobierno boliviano habrían quedado como mera especulación si no se desclasificaban los reportes reservados de USAID y los miles de cables diplomáticos que  la Embajada de los Estados Unidos  envió a su Departamento de Estado (Ministerio de Relaciones Exteriores) en Washington.

Amanda Dávila

Ex Ministra de Comunicación

Del Estado Plurinacional de Bolivia

Comentarios

comentarios

  1. son memorias de una evolatra (amarra watos) y solo para que le den pega tiene que demonizar a EE. UU y su brillante democracia que es la que rige nuestro mundo actual. No logran entender que sin el apoyo USA el mundo estaria en un caos social no olvidemos la derrota del nazismo. Los seudo socialistas que hacen por la sociedad?? Solo se dedican a criticar el capitalismo y con eso se vuelven millonarios la historia lo demuestra cada dia. Mamadas de esta sra masista amen que Dios nos libre de esta lacra politica.

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