Serie de testimonios dan cuenta que el hecho de comer es el desafío del día a día

Serie de testimonios dan cuenta que el hecho de comer es el desafío del día a día

Por una u otra razón padres de familia e incluso hijos se ven obligados a enfrentar este desafió saliendo a las calles para ingresar al comercio informal vendiendo desde una par de gelatinas, caramelos en los micros, u ofreciendo su servicio de limpia parabrisas aprovechando la luz roja del semáforo.

La mayoría de las personas en las calles paceñas se identifican con las investigaciones de la Organización de las Naciones Unidas que señalan “En Bolivia para los pobres, comer es un desafío cotidiano”.

Una vendedora ambulante de fruta en la calle indicó que es muy difícil conseguir algo para comer “a duras penas unos centavitos para llevar a la casa, antes era más barato todo, ahora es más caro y es difícil comprar comida” y se las deben arreglar con 30 bolivianos en un día normal y 50 en el mejor de los casos, los mismos que deben ser distribuidos para la comida, estudio, vestimenta y otras necesidades de los hijos, dejando de lado los suyos.

Pero la desdicha incrementa más en el caso de vendedoras con puesto fijo dado que al ofrecer el mismo producto que las ambulantes, ellas aparte están obligadas a realizar otros pagos como la patente municipal, pago al personal de seguridad que rondan el lugar para evitar robos, alquiler de depósito, pago al cargador que incrementó de uno a cinco bolivianos, sin contar que debe llegar a casa con el pan del día, testificó una vendedora de la Avenida Tumusla, del sector mañaneras.

Otras personas indicaron que el sentir general es la poca accesibilidad a los precios que alimentos tienen hoy en día, que van en proporción a la cantidad de personas que integran una familia y eso afecta al poco ingreso económico que los trabajadores tienen.

Según las estimaciones por la Unidad de Análisis de Políticas Sociales y Económicas (UDAPE), el 11% de los bolivianos que vive en las ciudades y el 41% que vive en el área rural, son extremamente pobres. Para todos ellos, lograr comer es un desafío cotidiano.

Otro de los testimonios realizados por esta unidad afirma que una tejedora alteña pasan el día incluso sin comer por falta una garrafa para cocinar porque tuvo que empeñar sus cosas para que sus hijos estudien y que solo les da a sus hijos para lo que alcanza el dinero, el hecho de darles recre es un lujo.

Emma Poma Janco quien se gana la vida limpiando casas y no goza de buena remuneración económica, afirma que el único alimento que alcanza comprar es fruta y en el caso del recreo acude a las tostadas que si bien son nutritivos implica el reclamo de parte de su hija por la incómoda situación frente a la de sus compañeros de curso.

Los datos de la última Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDSA – 2008) muestran que en la ciudad, doce de cada cien niños bolivianos menores de tres años sufren de desnutrición crónica (tres de cada diez en el campo). El 20% de los niños bolivianos menores de tres años tienen una talla considerada pequeña para su edad, a causa de la malnutrición.

Este y muchos otros testimonios fueron publicados en el marco de la producción de un video documental en asociación con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y Cuarto Mundo, quienes abogan por un esfuerzo público suplementario para mejorar la alimentación de las familias de escasos recursos que vaya más allá del desayuno escolar.

Prensa Rural

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